Entradas

Las cartas llegadas del cielo

Imagen
La comunicación escrita entre el cielo y la tierra es un hecho comprobado. Las cartas existen y declaran personas con su voz haberlas visto y leído. Famosos e ilustres folkloristas escribieron sobre el tema y etnógrafos de prestigio lo han suscrito.  El cielo, ese es uno de los temas que me interesa en este asunto, debo decir, está en el más allá. Eso nadie lo ha puesto en duda, ni yo tampoco, Todos sabemos -aunque con explicaciones diferentes- de qué hablamos cuando tal palabra pronunciamos, hasta lo que aseguran no creer en tal lugar. Sin embargo, lo que no sabemos todos es que, en algunos casos, el cielo no está tan arriba ni tan lejos; o si lo está, los mensajes entre el lugar donde viven los santos y bienaventurados junto a Dios, tiene vía directa, material, con la Tierra. Tanto es así que es posible recibir cartas que de allí vienen y viceversa.  Casos hay. Y cartas que lo acreditan también. La palabra escrita llega del cielo y al cielo vuelve. El punto de intercambio de tal co…

Un fin de semana

Imagen
El viernes de la semana próxima las que queráis ir a vuestras... Apenas comenzó a hablar la madre prefecta, las niñas se pusieron en pie con aplausos y gritos de alegría. El final de la frase, inaudible, se entendía sin más. Tenían permiso para salir del colegio dos días, dos días enteros. Estarían con sus padres en su casa, ¡en casa!: sin horarios, sin monjas, sin uniforme, si clase, en la calle... ¡Bien!... 

Viajarían sólo aquellas alumnas que sus padres fuesen a recogerlas, o, en el caso de las mayores, las que pudieran coger un tren o un autobús hasta sus pueblos, lo suficientemente cercanos para que el viaje mereciera la pena. Ellas, las que se quedaban,  se animaban unas a otras con la esperanza de poder salir solas, y , tal vez, durante más horas de las establecidas para los días de paseo habituales: sábados, domingos y festivos. 
Luisa iría a su casa. Invitó a Berta, que de no aceptar la invitación, sería una de las que se quedarían en el colegio . El viernes por la tarde, a la h…

Marta la mala

Imagen
Marta, la mala que no la santa, representa en el contexto de la hechicería femenina una entidad sagrada de primer orden. Oraciones para rogar su ayuda se conservan en registros escritos y en la memoria. La oración, con variantes es bastante conocida:

Marta, Marta,
la mala digo que no la santa,
la que descasas casados,
la que juntas amancebados,
por los montes Toroços entrastis,
a la brava serpiente aplastastis,
por Belcebú,
por Barrabás,
que me traigais a X...,
que no pueda parar hasta que me venga a buscar.

Marta, Marta,
no la digna ni la santa,
la que juntas los amancebados,
la que andas de noche por las encutrilladas,
yo te conjuro,
con tal y tal demonio,
y con el la carnicería,
que me traigáis a N..., más ayna 
o que me des hombre que hable,
o perro que ladre.

Marta, nâo á dina
nem á sancta
seano aquella
que o peccado encanta.

Marta, Marta,
a la mala digo que no a la santa,
a la que por los aires andas,
a la que se encadenó y por ella nuestro padre Adán pecó,
y todos pecamos,
al demonio del poio,
y al del repo…

El olvido y la memoria

Imagen
He olvidado todo.

Veo una luz que avanza hacia mi. Me envuelve. No oigo nada.
Mnemosyne se aproxima. Trae un niño de la mano. Me lo entrega. Lo cojo.  Se desvanece. No siento nada.
Mnemosyne se acerca a mi. Me toca. Me besa. Me rodea. Me habla.
Oigo la voz de la diosa que recita:
"Es la tarde gris y triste, viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo".
Mi voz se une a su voz:
"Del abismo se levanta la queja amarga y sonora. la onda, cuando el viento canta, llora".
Su voz se aparta. Entra el sonido del viento:
"El jardín tiene una fuente y la fuente una quimera... "
Me fundo con el viento y vuelo.



Contra la Justicia y la Inquisición, chitón.

Imagen
En tiempos pasados, pero no lejanos, el refranero se usaba con frecuencia. Algunas personas de edad avanzada lo utilizaban como medio de comunicación habitual y casi único. Hablaban y escribían -si sabían escribir- con frases hechas. Los dichos populares funcionaban como un axioma filosófico en las conversaciones comunes y corrientes.   Uno que me llamaba la atención: Contra la Justicia y la Inquisición, chitón. Quizás porque lo decían de modo más grave que otros; debía ser así por el asunto que trataban que les hacía ponerse más serios a los mayores. 
En el pueblo donde nací hay una calle que se llama: De la Sinagoga. Cuando supe qué era una sinagoga me sorprendí. ¿Ha habido judíos aquí?
Por entonces cualquier religión que no fuese la católica estaba prohibida en España. Antes habían sido perseguidos por la Inquisición, obligados a convertirse. De los judíos que salieron de España muchos fueron a Portugal. Allí también había Inquisición. Cuando pudieron volver, regresaron todos los …

Dedicado a Miguelón

Imagen
Los que hemos nacido y vivido en pueblos y cursado estudios en otro lugar pertenecemos a un sector social que nos presenta como diferentes del resto de las personas del lugar -y digo diferente, no mejores ni peores. Nuestras idas y venidas señalaban -al menos en mis años de estudiante- un hito en el calendario. Cuando andábamos por allí, significaba a ojos vista que el tiempo había pasado -para los mayores demasiado deprisa- Estábamos  de vacaciones otra vez. Coincidíamos entre nosotros en una experiencia común que se repetía igual a sí mismo todas las veces que regresábamos. 
La fórmula adquiría, espontáneamente, un carácter único. Incluso entre un pueblo y otro las diferencia apenas se percibían -si las había:
-¿Ya has venido? ¿Y cuándo te vas? Estas dos frases, inequívocas. A veces entre la primera y la segunda, o antes y después de empezar lo que ya parecía haberse convertido en una fórmula, se decía alguna otra palabra o alguna pequeña frase o una exclamación; lo que permitía o d…

Los maridos

Imagen
Conocí a una mujer de ciento dos años que, cuando se hablaba de maridos, ella decía: Los maridos son una cosa que unas veces los pondrías en un altar y otras los tirabas por la ventana. Se basaba en la experiencia de vida larga  más que en la que aporta el conocimiento directo de casos varios. Porque ella, en directo, directo, sólo había conocido uno: el suyo.

En una ocasión, el señor cura párroco de una localidad extemeña tuvo a bien convocar a un grupo de feligresas Se hallaban ellas, por edad, entre los cincuenta-sesenta años.
El buen hombre las exhortó a que tuvieran más hijos, porque -argumentaba- ellas podían mantenerlos.
Les recordó -porque ya lo habían mandado en la ceremonia del matrimonio católico- que debían obedecer a sus maridos.
Callaron todas menos una, cabrera de profesión y de vida -pasaba sus días en el monte y bajaba al pueblo de vez en cuando y, en una de tantas,  se encontró con la carta del cura. Asistió y escuchó. Pero no calló.  Con el mayor respeto y ante la …