Cosas de mí

miércoles, 2 de febrero de 2011

Ars Anthropoda

 Dibujos de Diego Alberto Pardo Asunción



 



Las imágenes de los dibujos llenan el espacio del cuadro. La figura cobra importancia, agrandada por la mano del dibujante, plasmada por su voluntad sobre papel, circundada de un vacío estudiado que se diría aire puro en el que el insecto se mueve.



Alas translúcidas hasta confundirse con el fondo; cuerpos opacos, casi negros, que no dejan pasar la luz por donde ellos pasan, porque pasan, vuelan, van y vienen. Son insectos en movimiento. Su aparente estado de equilibrio como se aprecia en las fotografía adjuntas, es un equilibrio sostenido, vivo. Los trazos del grafito se deslizan por el plano con ligereza, como si quisieran volar a la vez que los insectos. Líneas sutiles seguidas de rayas gruesas, que terminan por ser una sola. Una sola línea en muchas ocasiones, pocas veces recta; otras veces, cruza y emborrona la superficie en la que se mueve el artrópodo en cuestión. Las patas, como alambres diseñadas para dar grandes zancadas, flexibles y resistentes, las dibuja estilizadas, finísimas. Las antenas, órganos sensibles que aparentan dirigir su atención hacia algún punto del espacio, transmiten aún más la sensación de actividad que tienen estos dibujos. Dibujos que representan la materia, pero la materia viviente.
Vida expresada a través del movimiento; en mi opinión, constituye el componente fundamental del cuadro,  su razón de ser.




Dibujos figurativos desfigurados. Diego no copia la realidad. No le interesa. Se siente atraído por el mundo de los insectos no tanto desde el punto de vista biológico, como desde una perspectiva humana o, quizá sería mejor decir, humanizadora.
Reclama la imagen del insecto para agrandar lo despreciado y para achicar lo ensalzado. Sus insectos no son animales, son símbolos.
Llena de vida sus cuadros. La vida la fija en el movimiento de esos cuerpos alados, cuerpos de insectos vistos con lupa y reinterpretados al pasarlos al papel con el grafito. En medio de todo este proceso, está el artista. Su ojo escrutador. Su sentir humano y, por encima y englobándolo todo, unificándolo, su capacidad creadora. Así, el artista, este artista, no copia directamente del natural, sino que lo interpreta a su modo y manera. Coge ese pequeño-gran mundo de los insectos. Lo desbarata, lo rompe, lo desarticula y lo vuelve a componer acomodado a las exigencias que él le impone. Lo adecua a sus querencias y utiliza como medio expresivo de su pensamiento.

Los convierte en símbolos por voluntad propia. Símbolos que dominan el plano, el ambiente y,  yo diría que la obra del artista en conjunto;  más amplia, como cabe suponer a los lectores,  que la pequeña muestra presentada en esta exposición. Diego Alberto desea elevar a los artrópodos de categoría. Reclama una atención inusitada para estos animales, de pequeño tamaño, de aspecto horrible para muchos, tremendo para otros. Reclama que el espectador se fije en ellos sin sentir repugnancia ni rechazo. Ensalza su belleza, su maravilla, prescindir de las selectivas miradas que hacia los artrópodos han dirigido otros hombres en otros lugares y en otros momentos. Con estos dibujos, Diego se propone, nos propone, Ver -con mayúsculas-, traspasar los límites que nos impone la civilización, la cultura y las tradiciones acostumbradas.



De manera que los dibujos que vemos en la exposición, facultan al observador para aprehender otra realidad, le facilitan una nueva experiencia de lo concreto. Concreción artística que representa una idea abstracta. Lo irreal se convierte en real. Y esa realidad nos la facilita el artista a su modo. Éste, Diego Alberto Pardo Asunción, decide optar por la distorsión de las formas. Sus desfiguradas figuras hablan. Expresan un modo especial de ser y de querer estar en el mundo; de sentir la realidad y de reconstruirla. A Diego no le basta representar el objeto tal como lo percibe el ojo humano. Lo estudia, se diría que lo mastica, lo digiere, lo aprehende. Entra dentro del ser del insecto. Lo vive desde dentro. Lo domina. Y, después, hace con él lo que quiere. Ahora es cuando el artista se interpone entre el insecto y el espectador. Se convierte él mismo en un mediador entre ambos mundos. Hace de traductor de atributos de los artrópodos. Nos enseña sus cualidades transformadas por su intervención, por su trabajo hábil y bien hecho. Así, logra enseñarnos la belleza de un vuelo, el movimiento de un insecto, las patas de una hormiga o el zumbido de una mosca. Cualidades atribuidas a los insectos como: fealdad, asquerosidad, maldad, transmisores de enfermedades... en su mayor parte negativas; él, sin desconocer la biología, la naturaleza de estos animales y sus consecuencias, se fija y resalta en lo que le interesa para su arte. Se fija, precisamente en ellas, para elevarlas a la categoría de arte. Consigue, sólo auxiliado por limitados materiales, como un trozo de grafito y unas láminas de papel reconvertir esa aparente insignificancia de los insectos ante el hombre, de su mundo ante nuestro mundo, y decirnos: ¡Ojo, señores! Lo que ustedes laman “feo” es bello también. También hay belleza en la “fealdad”. Las categorías de “bello o de “feo” no son más que eso, meras categorías. Responden a una cuestión de clasificaciones culturales, nada más.


 
Se dice de algunas obras artísticas que, lo que no logra dibujo, puede lograrlo el color. Diego Alberto en esta serie de dibujos no quiere usar el color. No lo necesita. Es más, entre todos los materiales posibles, elige el grafito y el papel como herramientas. El negro, que no es un color,  sobre el papel de tonos ocres o blanquecinos domina y se impone. las imágenes dibujadas son vehículos de significado. El autor lo resuelve así:  Medidas extremas, delicadas formas, negros como una noche oscura, ágiles bichos que el dibujante se empeña y consigue  mostrar tal y como él los concibe.
Apariencia reveladora para el espectador. Quimera del arte para el artista materializada en una obra  que fascina,  que incita a ser explorada por el espectador, disfrutada hasta  palpar el  encanto de los artrópodos, esos seres que  pocas veces nos paramos a contemplar.



El título Ars Anthropoda lo ha sugerido Diego Alberto Pardo Asunción, autor de los dibujos. Ars Anthropoda  es cabecera de la  colección de dibujos que  presenta al público el día 19 de febrero de 2011. Su obra permanecerá expuesta hasta el día 20  de  marzo  en la sala  La Taifa  de Villena , Alicante. España
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