Cosas de mí

domingo, 17 de febrero de 2013

Hace Mucho Tiempo...


La tierra concibió y esperó. 
Cuando de sus entrañas brotaron los primeros tallos, el campo se cubrió de hierba fresca. Cuando de sus entrañas brotaron vástagos  cuajados de yemas, el prado se vistió de color. Y la tierra se encontró bella. Y la tierra se enamoró de sí misma. Y así se mostró ante el cielo. Y la tierra volvió a alumbrar vida y la vida hermoseó la tierra.

Un día la mano labradora se atrevió a herir la tierra. Arrancó flores, arrancó hierbas. Rompió vástagos cuajados de yemasCultivó la tierra a su manera. Entonces, el Hombre debió rogar al cielo y debió rogar a la tierra.

domingo, 20 de enero de 2013

Carta Abierta Para Diego Alberto Pardo Asunción.


    Hola Diego:

    Muchas gracias por tu invitación. Sabes que esta tarde me gustaría estar ahí. Acompañarte y disfrutar, en directo, junto a ti y los tuyos, de la obra que presentas en la Casa de Cultura de Villena. Siento alegría y contento al imaginarte ahí, rodeado de un público con interés en tu exposición. Vienen a mi mente recuerdos. Es inevitable. Te veo de muy niño, sentado en el sofá de tu casa, apoyados los pies en la barra inferior de un caballete tan pequeño como tú y las manos en la barra superior, y balancearte con él, como con un juguete más.  El tiempo ha pasado: Lo que un día fue un juguete, y después fue un sueño y después se convirtió en un objetivo, hoy es una realidad. Una realidad por voluntad propia. La tuya, Diego. El hacedor de todo esto eres tú. El artista que logras con tu buen hacer,  y tu maestría,  los resultados que esta tarde podemos todos mirar y admirar.
    Es para mi una gran satisfacción asistir -aunque sea en la distancia espacial- a la muestra de tus obras. Tus maravillosos insectos. Esos animalitos de patas articuladas que estudias con interés artístico y científico. Porque tú, Diego, el insecto lo estudias a fondo. De otro modo no se puede entender que consigas los efectos plásticos que logras. Conoces a cada artropodo como si fuese único. Y único es: pues no hay un ser vivo idéntico a otro. Cada cual, por muy similares que sean, posee su propia identidad.
     Te veo como a un entomólogo, incluso con una lupa -en mi juguetona imaginación, a lo Sherlock Holmes- escudriñando al insecto. Lo observas, lo analizas a fondo. Miras aquí y allá. Te fijas. Aprendes los detalles físicos y vitales. Los movimientos. Podría decir que haces tuyo el insecto hasta dominar su cuerpo y su ser, de modo tal que, puedes jugar con él y darle una nueva vida en tus obras.
    Te veo entregado al estudio de los insectos: descubrir sus más recónditos secretos, interpretar su anatomía con cerebro de artista, elucubrar y ver más allá de lo que los ojos te enseñan.Vas más allá de lo objetivo. Sólo después plasmas, con manos de dibujante minucioso, con precisión, aquellas facetas del artrópodo que tú quieres resaltar. Y lo haces a tu modo y manera. Ahí está el arte. Ahí estás tú.
    Hay mucho trabajo y mucho esfuerzo en esa tarea. Mucho. Eso es lo que yo más admiro de tu obra. Eso es lo que ahora se puede ver en la sala. Una muestra de la obra acabada, de una obra que lleva tras de sí mucho trabajo, mucha ilusión y muchas expectativas de futuro.
Para terminar, quiero recordar unas frases de Mary W. Shelley: En otros terrenos se puede avanzar hasta donde han llegado otros antes, y no pasar de ahí; pero en la investigación científica siempre hay materia por descubrir y de la cual asombrarse. Eso es lo que haces tú, Diego, con el arte. Siempre vas más allá, incluso más allá de ti mismo. Por esto  nunca estarás acabado, nunca estarás en el final de tu obra, porque siempre descubrirás algo nuevo y siempre seguirás asombrándote de la vida que conviertes en arte y asombrándonos con tu arte a los demás.

Te doy la enhorabuena por haber logrado llegar a este punto.
Feliz exposición, feliz día y recibe un abrazo muy fuerte de tu siempre amiga,

Concha Reviriego Almohalla.

Madrid, 20 de enero de 2013.