Cosas de mí

martes, 28 de marzo de 2017

Lotte Reiniger

Lotte Reiniger mujer dotada de imaginación, armada de papel y tijeras y con horas de trabajo creó el primer largometraje de animación de la historia. De fabricación artesa en su totalidad, dio vida en la pantalla a su mundo de fantasía. Sus recortables se movían; y se movían con gracia, son delicadeza... Como las voces dulces de los cuentos de hadas. 
De sus manos salió la película Las aventuras del príncipe Achmed y muchas otras que hoy resulta menos complicado que hace unas décadas disfrutarlas. Esta mujer y su obra pasaron desapercibidas para el gran público. Un público que, sin embargo, sí conocía la obra de otros creadores de cine de animación



lunes, 27 de marzo de 2017

Gala Dalí

Conocida como Gala Dalí, nacida Elena Ivánovna Diákonova, su vida secreta se cuenta en un diario íntimo, según dice el título de la publicación que manejo. 

Dice Gala: (...) lo que más me llamaba la atención era el fenómeno violento, ruidoso, de los jóvenes excitados, con los ojos brillantes, con las mejillas encarnadas, con perlitas de sudor sobre los labios hinchados o sobre las arrugas de las narices a menudo gruesas, que sostenían en la mano una vara de "verba" o una especie de látigo que allí mismo les vendían. Y, como peces en un banco apretado, estos muchachos se deslizaban en la multitud y golpeaban a las chicas (...)  Más de una vez -en realidad, bastante a menudo- la mano entusiasta y exaltada perdía el control y había que moderarla o castigarla mediante la intervención de la autoridad.
(...)  siguiendo una antigua tradición rusa, se ponía en libertad a los pájaros. 

Ambas costumbres se mantenían ligadas a una fiesta  para niños y jóvenes en Moscú. Y ella, como otras muchas niñas y jóvenes, la sufrió.







domingo, 26 de marzo de 2017

María Torres, Madre De Osel.

María Torres, villenense famosa desde los años 80 por ser la  madre de Osel -reencarnación de un importante lama, según la fe budista-, sorprendió a propios y a extraños con esta noticia. 
A mi, que por entonces vivía en Villena para hacer trabajo de campo sobre los curanderos, más que sorpresa me causó múltiples interrogantes.
La relación entre budismo, reencarnación, espiritismo, curanderos, secta -en sentido peyorativo- vudú -africano- brujas -brujería medieval ... y otras "cosas raras" -según los demandantes de información- pude comprobar que la establecían con demasiada facilidad.
 Su querencia e insistencia en conseguir de mi  cualquier palabra que pudiera indicar menosprecio hacia los curanderos, hacia los espiritistas o, como en este caso, a una persona concreta: María Torres, estaba clara. 
Y ante mi negativa a contestarles y menos a complacerles en su insidiosa intención, comentaban -con sorna- que "se hacía budista y todo el rollo ese para hacerse rica", "para sacar a su familia de la miseria" y otras ideas similares.
Pues hasta donde yo sé, María Torres pertenece a una familia de clase media acomodada. Gente de bien que se dice. Desconozco sus motivos para abrazar el budismo. Tampoco me importan. Es su vida. Pero es que como ya decían los antiguos "la gente habla por hablar".
Y por hablar desacreditaron por entonces ante mis oídos a algunos curanderos vivos -hoy ya fallecidos, sin ningún pudor. Debieron darse situaciones similares en otras épocas, como en la que abundaban las denuncias ante el santo Oficio: por judaizante, o por haber blasfemado, por bruja, o por cualquier dicho o hecho que pudiera servir para apresarlo.
En Villena las cosas no han llegado al Santo Tribunal porque ya no existe la Santa Inquisición. ¡Menos mal!.

viernes, 17 de marzo de 2017

Exposición Universal De París, 1878. Escenas de la calle.



 



Acto de Apertura. Apuntes del natural. Dibujante: Pellicer.
Publicado en la Revista Ilustración Española y Americana.




Ahora que estamos en estos días de celebraciones sobre las mujeres en el mundo, y todas nuestras desgracias dentro de un mundo patriarcal -que no son pocas- conviene decir algo sobre la calidad de las personas -hombres y mujeres- dentro de la estructura social patriarcal. 
Y, como no quiero extenderme, sólo expongo estas imágenes, fragmentos de escenas más amplias dibujadas del natural por Pellicer, según acredita la publicación que utilizo. Del mismo modo que algunas mujeres mantenían económicamente a la familia, algunos hombres realizaban tareas llamadas "femeninas".
Pero ese detalle no es debido a la estructura que manda y ordena, sino a voluntades individuales.

lunes, 13 de marzo de 2017

Historia De Las Mujeres O Las Mujeres Sin Historia



Si entendemos la historia como “el conjunto de todos los hechos ocurridos en el pasado” las mujeres nunca hemos estado fuera de ese pasado. Si entendemos la historia como “la narración de los hechos ocurridos en el pasado”, el punto de vista no sólo cambia, sino que los registros muestran realidades diferentes. Cuando un acontecimiento posee mucha importancia social -una hazaña bélica, un descubrimiento científico- se dice: “pasará a la Historia”.
Queda registrado para siempre. Es más, un hombre importante puede dar nombre a una época -por ejemplo: El siglo de Pericles-. Y las mujeres, ¿dónde están? ¿O es que, acaso, no están?
La vida de las mujeres se desarrolla paralela y ligada a la vida de los hombres.
Nada existe en el mundo sin la aportación y sin el trabajo de ambos géneros: masculino y femenino. Nada. La historia hecha por los hombres no existe fuera de la historia hecha junto con las mujeres. Se combinan ambas. La historia de las mujeres -como colectivo subyugado en una sociedad patriarcal- queda englobada en la de ellos, incluso oscurecida; es tratada como si no existiera.
La mujer, como género,  ha trabajado desde que el mundo es mundo. Las tareas de las que se ha ocupado, sobre todo dentro de la sociedad capitalista, no se han considerado trabajo, por la sencilla razón de que no eran actividades ligadas, directamente, con el mercado de trabajo. Su actividad no se vendía ni se compraba, excepto en los casos de la servidumbre -tema que merece un estudio aparte-,  ellas no trabajaban. 
El trabajo, entendido como “actividad, empleo, u oficio que se realiza a cambio de un salario” no incluía las tareas asignadas a la mujer valoradas como “propias de su sexo”. Las tareas “propias” de las mujeres se vuelven invisibles. 
Convertidas en mercancía, desligadas del hogar, se convierten empresas. Y, como empresarios o empleados ellos realizan a diario dichas tareas "típicamente femeninas" a cambio de un salario. Y así ocurrió desde hace tiempo, y ocurre en la actualidad. 
Debería saberse -aunque quizá sepa..., porque yo a veces lo dudo, que las mujeres no nacemos con esos saberes. Que se aprende a cocinar, a lavar, a fregar, a estudiar, a cuidar niños, a educar, a cuidar ancianos, a cuidar enfermos, a coser... Se aprende, no nacemos con todo ese bagaje de conocimientos como nacemos con útero, por ejemplo.

Madrid, enero 2015.

sábado, 11 de marzo de 2017

martes, 7 de marzo de 2017

Los fantasmas de Luisa



El claustro perpetuaba el antiguo corredor del colegio. Los pasos de Luisa resonaban en ese espacio amplio y vacío, hasta donde llegaban los olores mezclados de las plantas y de los árboles del jardín.  
 Andaba despacio, con indolencia; miraba  a todas partes; absorbía la esencia del aire, se embobaba con el recuerdo.
 Por unos instantes le pareció ver una sombra. Sintió entonces una punzada en el pecho, a la que siguió un dolor agudo, intermitente, en un costado. Llevó sus manos al lugar del dolor, respiró hondo. Poco a poco recuperó su ánimo. 
 La puerta del final de la sala por donde ahora circulaba, la que conducía a Siberia -única habitación del colegio en la que no había calefacción-, dejó pasar el aire como si de una exhalación se tratase. Luisa percibió un extraño olor, un olor raro que no podía identificar. Extrañada, siguió adelante. Quería volver a Siberia, deseaba sentarse -si aún seguía allí- el sillón de aquel despacho pequeño y casi siempre desocupado, donde la Madre Prefecta les convocaba de una en una, para hablar con cada niña, a solas, a modo de confesión no sagrada, pero de alto nivel.
 Encaminó sus pasos con cuidado, agudizando sus cinco sentidos y otros cinco más que tuviera. Pretendía olvidar el pasado y concentrarse en el presente. El antes y el ahora se mezclaban, presentía en su carne un ambiente  vacío, sentía que el aire pesaba demasiado, demasiado denso. Vio con la misma claridad que veía sus  propias manos, o  la puerta del fondo del pasillo, o el pasillo mismo,  una sombra similar a una nube negra. La nube se deshacía y tomaba la forma de un bulto negro, después ese volumen amorfo se perfiló, poco a poco, hasta adquirir la imagen de cuerpo humano. Luisa, asustada, intentó hablar: balbuceó apenas unas sílabas. Esa larga nariz, esos huesudos pómulos... la forma de moverse, la compostura adoptada cuando parecía sentarse enfrente de ella,  su modo de girar la cabeza... De repente, dio un brinco, un salto hacia atrás; gritó: ¡Madre Remedios! ¡Madre prefecta!.. ¿Qué es esto? ¿Pero qué  me está pasando?
 Inmovilizada por el pánico, como una autómata, comenzó a repetir movimientos habituales en  tiempos de alumna, cuando la Madre Mercedes les pasaba revista: la falda, los zapatos... Bajó sus brazos y con las manos comenzó a estirarse la falda, repasó la postura de su blusa, se colocó las medias, retocó los puños de su chaqueta, se atusó el pelo, se puso derecha y  miró a la Reverenda Madre, del mismo modo que lo hacía a diario cuando era una adolescente.
 La figura negra dio media vuelta, emprendió el camino hasta la puerta de roble oscuro que separaba la parte pública de la parte privada del colegio. Una elegante puerta de roble oscuro sobre la que colgaba un cartel blanco, decorado con filinagrana negra, en el que se leía: Clausura.
La antigua alumna se detuvo sin apartar los ojos del vacío negro que se abría frente a ella.  Gritó: ¡Madre! ¡Madre! ¡Madre prefecta! ¿Dónde va? ¿Dónde va? ¿Qué hace aqui? ... Madre...
Los velos negros ondeaban en el aire, la figura avanzaba; cruzó el umbral hacia el otro lado. Luisa alargó un brazo, quería tocarla, recibir  respuestas, oír su voz... 
Se hizo el silencio. Un escalofrío recorrió su espalda.  Luisa se abrazó a sí misma como protegiéndose de un peligro que no alcanzaba a ver. Volvió,  asustada, al corredor del Hotel...