Cosas de mí

sábado, 29 de abril de 2017

Luisa. I


Después de diez años alejada de su tierra natal, deseaba pisar el suelo de su casa española, dormir en su cuarto de toda la vida, mirar a lo lejos, desde la ventana del comedor, y contemplar las altas cumbres de la sierra; desempolvar libros y ropas antiguas, repetir los acostumbrados saludos de antaño, cuando volvía del colegio. Ella añoraba sus años de estudiante en el colegio, transformado ahora en Hotel de lujo.
Luisa, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de ser madre,
esposa y ciudadana americana en la actualidad, nunca renunció a su nacionalidad española, ni a su apellido de soltera, ni tampoco a su casa: la casa de sus padres, donde ella nació, la vivienda a la que siempre se refería como mi casa. Pensó en Berta: desde que terminaron bachillerato y dejaron el colegio, apenas supieron nada la una de la otra: Berta se marchó a Roma, y ella, por decisión paterna, viajó a Estados Unidos,
Allí conoció a Bob. Se casaron, tuvieron una hija: Matilde.
Ahora, regresaría a España, miraría su tierra y sus gentes con la perspectiva de una mujer adulta. Tal vez podría localizar a Berta y viajar juntas al paraje de su adolescencia, dormir en el Hotel que fue su colegio.
Remembranzas de horas cargadas de expectativas de futuro; amiga íntima, confidente, pareja de baile a escondidas. ¡Cómo no acordarse de Berta!
Puso su nombre completo en el buscador. Apareció de inmediato su nombre completo, tras las palabras "Esquela de doña"... ¿Cómo?
No es posible! ¡No puede ser ella! No. Debe de tratarse de
otra Berta Maraghini.